viernes, 23 de octubre de 2020

Las hijas de la tierra, de Alaitz Leceaga y El cielo de tus días, de Greta Alonso






Ustedes me perdonarán si todavía no sé manejar muy bien esto de los blogs, una hace lo que puede, y mi nieta, que es la que me enseña, está de vacaciones, así que me atrevo a hacerlo por mi cuenta.

Estas dos lecturas fueron recomendaciones suyas, creo que es para que deje de leer autores muertos, eso es lo que suele decirme, y yo me propuse leerlas antes de que vuelva para poder intercambiar opiniones. 

Voy a empezar por el orden de lectura. Leí primero Las hijas de la tierra, de Alaitz Leceaga, porque la temática me interesaba más y me gustan los libros desarrollados a finales del siglo XIX y principios del XX. Mi nieta dijo que la novela estaba muy bien ambientada y eso también me animó.
Sin embargo, cuando terminé de leerla, pensé que cuando volviera de vacaciones tendría que regañarla por falta de sentido crítico. 

La historia arranca en 1889, en un pueblo de La Rioja que se llama San Dionisio (un pueblo inventado) y cuenta la historia de tres hermanas, un hermano y unos viñedos que hace muchos años que no producen nada, lo cual tiene a la familia al borde de la ruina. Nada más empezar, nos enteramos de que la protagonista, Gloria, mantiene una relación incestuosa con su hermano y al volver la página, la chica le lanza una piedra a su hermana y la deja ciega de un ojo. No empieza con buen pie la protagonista. 

La autora se empeña en mostrarnos lo malos y machistas que son los hombres, con diálogos completamente infantiles y estúpidos que los convierten en criaturas taradas, mientras que las mujeres científicas, ingenieras y virtuosas de la música son sabias y portentosas. Este antagonismo torpemente articulado no me dejó disfrutar de la historia. 
Cuando un personaje estorba, se le mata y ya está, así sin más. Mujeres encerradas por todas partes, incesto por todas partes, solo con el fin de demostrar lo malos que eran los hombres en aquella época.

Un sinsentido escrito con una simpleza que roza los sótanos de la mediocridad. Viento del oeste y más viento del oeste, y del norte y del sur y viento por todas partes, viñas sedientas y más viñas sedientas, pelo rojo y más pelo rojo... La autora elige  una característica de cada personaje y la repite de forma incansable, una y otra vez. Es su forma de diferenciar a los personajes, de igual forma que haría un niño al escribir un cuento. Al pobre viñedo de 70 hectáreas le cae una granizada brutal y solo se les ocurre tapar las viñas con sábanas y manteles. ¿Esta autora sabrá cuánto mide una hectárea de terreno? ¿Se imaginan ustedes cubrir con sábanas y manteles una extensión de 70 hectáreas? No habría suficiente tela en toda la comarca. 

Y ahora vamos con la ambientación histórica. Empezamos en 1889 en un pueblo de La Rioja que no existe, lo cual no necesita de documentación, y esta es la única fecha que, si no me equivoco, aparece en la novela, porque estuve pendiente de ver si, a medida que van pasando los años, se menciona alguna otra fecha, pero no, es como si la autora pretendiera que nos olvidáramos de en qué siglo estamos y así poder permitirse decir cosas como "la adrenalina en mi sistema", que aparece hasta en cuatro ocasiones (la hormona de la adrenalina se descubrió a finales del siglo XIX, pero no se le puso nombre hasta 1900). O también hablar de alergia a la picadura de la abeja "anafilaxia", otro descubrimiento que está fuera del contexto histórico. Expresiones como "que te den" y otras igual de actuales, me sacaban resoplidos.

El pueblo de San Dionisio es un oasis social e histórico en el que no se aluden a datos de ningún tipo. Por ejemplo, el personaje de Miguel, al que tratan de traidor y que parece haber regresado de una guerra, me hizo preguntarme ¿de qué guerra? Por lo poco que se menciona de ese hecho parece que de la guerra de España contra el sultanato de Marruecos, pero me parece tan alejada (29 años) de 1889 que el tal Miguel tendría que tener más de cincuenta años, y en la novela es joven. 

Es muy frustrante.

Como lectora quiero saber, no que me suelten pinceladas que no me enseñan nada y me hacen navegar por una historia sin raíces, como si fuera un cuento en una burbuja.
Solamente al final de la novela se menciona de pasada la guerra de España contra Cuba y Estados Unidos, como si se tratase de la misma guerra. La de cuba comenzó en 1895 y ni siquiera se menciona su comienzo, que supuso la llamada a filas para miles de hombres (Rafael podría haber sido uno de ellos, pues nadie habría pagado por él las 1500 pesetas que costaba la redención y, con un poco de suerte, ya no habría vuelto). La de Estados Unidos fue en 1898 y me parece que la novela termina antes de eso, digo me parece porque no hay fechas que delimiten el paso del tiempo.

En fin, que mis ganas de haber leído una buena novela ambientada a finales del siglo XIX se vio truncada por la ausencia total de contexto histórico. Imagino que la autora solo necesitaba de esa época la desigualdad entre hombres y mujeres para hacer aflorar entre la maldad de los hombres la fortaleza de las mujeres. 
Hago mías las palabras de Ian McEwan en su novela Persuasión: "Me encanta el enfoque puntillista de la verosimilitud, la exactitud del detalle que al acumularse proporciona tanta satisfacción".

***


El cielo de tus días, de Greta Alonso, es mi actual lectura, y tengo que decir que aún no la he terminado, de modo que haré más adelante la reseña completa, pero por lo que he leído, es una autora que sabe por donde anda, a pesar de que se trata de su opera prima. Me está gustando, es verdad, aunque es cierto que su narrativa, más que ágil, es veloz, y eso no siempre es bueno en novela, aunque sea en género negro, sobre todo si tenemos a dos narradores en primera persona y nos encontramos con que los dos narran la historia de la misma forma, olvidando que cada personaje es distinto y lo más probable es que no se expresen de igual modo. Si uno lee un capítulo suelto es fácil confundirse y no saber diferenciar quién lo está contando, lo cual quiere decir que el autor está demasiado presente, les roba personalidad y se impone a ellos.  

He leído que la autora ha dicho que quiere escribir como un hombre, y lo cierto es que me pregunto por qué, y si, de esa intención, nace esa falta de diferenciación entre los narradores. 

No entraré en el argumento hasta que no la haya terminado, pero esto me sirve para hacer una valoración de la parte narrativa de la novela. Creo que Greta Alonso tiene mucho potencial y estoy convencida de que tiene madera para ser una buena autora, esas cosas se notan desde las primeras páginas. No usa expresiones manidas, es original y los diálogos son inteligentes. Aún sin haberla terminado, la recomendaría.



viernes, 10 de julio de 2020

Seudónimos anglosajones.





Debo admitir que cuando descubro a un autor o autora nacional bajo un seudónimo anglosajón, me llevó un enorme chasco. No tengo nada en contra de que admiremos a los autores de fuera de nuestras fronteras, faltaría más, y de que los escritores quieran ser como ellos. Pero de ahí a renunciar a la propia identidad para atraer a un puñado más grande de lectores hay una gran diferencia. A mí personalmente me parece un engaño, y siento ser tan franca, pero a  mi edad ya soy incapaz de callarme nada. Miro un libro, por ejemplo basado en la época victoriana inglesa, y veo que va asociado a un nombre anglosajón. Entonces pienso que puede estar bien. 
Pero cuando luego me entero de que tras ese nombre, pongamos Margaret Clark, se esconde en realidad Margarita Clavijo, algo se me remueve por dentro. Y no es porque crea que no pueda hacerlo bien, que de todo se ve en estos lares, pero ustedes no se imaginan la cantidad de autoras españolas y latinoamericanas que escogen ambientar sus novelas en el periodo de las regencias o la época victoriana.

He intentado entenderlo, pero el caso es que no he podido, sobre todo cuando en algunas de estas novelas leo frases más castizas que la calle Alcalá.

Cuando mi nieta quiso publicar su primer texto en esas plataformas de internet donde se lee gratis, me preguntó si publicaba con su nombre real o con un seudónimo. 
Yo le dije que era decisión suya, pero que si elegía utilizar un seudónimo que fuera algo que la identificara, un nombre que no ocultara su verdadera identidad, su origen. Le dije que era su obligación que, cualquier aporte que hiciera a la cultura, lo hiciera bajo un nombre que reflejara quién era. Y me hubiera llevado una enorme decepción si hubiera elegido llamarse Jane Smith, por poner un ejemplo.

Admiro la cultura y la historia de mi país -ya sé que últimamente parece que está mal decir estas cosas-. Pero soy docente, o lo he sido, y soy consciente de lo interesante y poco explotada que está nuestra propia historia por la literatura, a excepción de la guerra civil, que parece que en este país no han pasado más cosas. Tenemos nuestros propios periodos de Regencias, nuestro Renacimiento, nuestro Barroco, historias de conquistas, batallas, burguesías, periodos coloniales, piratas, bandoleros, espadachines... Una mezcla de culturas fascinantes: la cristiana, la judía, la musulmana, que convivieron juntas, pero no revueltas. Nuestro país es de una riqueza histórica incomparable. 
Y tan poco aprovechada por sus escritores, que prefieren llamarse Peter, o Sally, o Caroline  o  John... y escribir sobre la regencia de un tal Jorge III, que quiso reinar en el Reino Unido, pero que no pudo, y así colaborar al ensalzamiento de una cultura ajena, de una historia que no es la nuestra y potenciar una literatura que, muy a pesar de algunos, no nos pertenece. 





domingo, 22 de abril de 2018

Las dos caras de la crítica literaria





Miren que imagen más acorde me ha buscado mi nieta para hablar de las críticas literarias. Eso es lo que hacen algunos críticos: buscar con lupa. Unos buscan los defectos, otros buscan las virtudes. Pero la mayoría, afortunadamente, hace una valoración de ambas cosas. Y esto último es lo que a mí me gusta.

Yo creo que podemos opinar sobre todas las novelas que leemos, nos hayan gustado o no, siempre desde el respeto hacia el autor y valorando su trabajo, algo que con frecuencia olvida el lector. Alguien que no disfruta de las descripciones abundantes tachará el libro de aburrido, mientras que otro que disfruta con el detalle dirá que eso precisamente fue lo que más le gustó. Sin embargo, el lector aburrido con las descripciones debería saber tomar distancia sobre sus gustos para valorar el esfuerzo del autor a la hora de investigar sobre un tema o su capacidad descriptiva. Ahí reside la pericia del buen crítico, que no solo valora lo que le gusta a él, sino que ofrece una opinión sobre lo que otros lectores pueden llegar a apreciar.
A mí no me gustan las escenas eróticas demasiado descriptivas pero puedo entender que haya lectores que disfrutan con ellas.

Hay novelas que están bien escritas, aunque la historia no aporte absolutamente nada. Hay otras que narran historias interesantes pero con muy poca chispa. Y en cuanto a esto, a la chispa, lamento decir que muy pocos autores la tienen en su pluma, al menos en nuestro panorama nacional. Y eso es algo que me cuesta reconocer porque soy una férrea defensora de nuestra literatura.
Pero es totalmente cierto.
Prefiero una mala historia contada con chispa, que una buena historia contada de forma plana.

A veces leo críticas amiguistas, y esto, en el fondo, hace flaco favor a un autor que piensa que su novela está a un nivel que, en realidad, solo está en la buena intención del amigo que comenta.

Por otro lado, entiendo la compasión del amigo, que no quiere herir los sentimientos del autor, pero deben saber que esa benevolencia es un corta-alas a la superación. Para qué se van a molestar en mejorar sus obras si les llueven comentarios de amigos, muchos de ellos también escritores, sobre lo bien que escriben y lo buenas e inolvidables que son sus historias.

Hace poco leí a una autora en facebook hablar de su propia obra en unos términos tan desprovistos de humildad que realmente pensé que había escrito una novela gloriosa. Tanto fue así, que le dije a mi nieta que me la descargara de Amazon para leerla en el aparato ese. Era barata y tenía muy buenos y numerosos comentarios.
La decepción fue terrible, y me sentí engañada, pues la historia que narraba era de una simpleza tal que rayaba la mediocridad. Por supuesto alguna cosa positiva se podía extraer de ella, pero a día de hoy, ni siquiera recuerdo el nombre de los personajes.

Todos los autores, créanme, todos, piensan que su sobras son maravillosas, pero muy pocos se atreven a gritárselo al mundo, aunque de verdad lo sientan así.

Mi nieta escribe y se autopublica, y ella me abrió las puertas de los autores independientes, como le gusta llamarse a ella. Yo leo sus escritos y a veces la he hecho llorar con mis comentarios. Este es un mundo duro, y si quiere destacar, solo tiene que ser mejor que los demás, y eso solo se consigue con esfuerzo, una parte de talento, y con buenos consejos.
Sin embargo, yo soy la primera a quien entrega sus novelas, porque confía en mí, porque sabe que, aunque me duele ver su carita de decepción cuando le doy un varapalo, todo lo hago por su propio beneficio. Sé que algún día será una buena narradora. En cuanto a sus historias, en eso yo no puedo darle consejos. Sus historias son solo suyas, y estas serán las que la identifiquen como autora.

El arte es algo muy personal, sobre el que descargamos muchas de nuestras emociones más íntimas. Pero la crítica amiguista también puede hacer mucho daño al autor.
Ser totalmente sincero sería una buena forma de perder una amistad, no nos engañemos, pero debemos encontrar la sutileza para decir las flaquezas de una obra, si es que las tiene.
Creo que, en el fondo, el autor lo agradecerá.

lunes, 26 de marzo de 2018

Blogs tóxicos

Estaba yo muy contenta con esto de abrirme un blog, y como os dije anteriormente he pasado una temporada visitando bitácoras que se dedican a hacer crítica de libros, que es lo que a mí me interesa. He de decir que encontré lugares donde hablan de libros de una forma casi profesional. Sus administradores son capaces de ver de una manera certera y objetiva los puntos fuertes y débiles de un libro, siempre según su criterio y con total respeto por la obra y por el autor. Colaboran con las editoriales sin por ello ofrecer una opinión sesgada, pero siendo conscientes de que cada libro tiene su lector.

Blog Historias Susurradas
Es una delicia leerlos; son críticos, pero también son respetuosos con el trabajo que hay detrás. Puedo citar por ejemplo el blog Historias Susurradas que seguía hace unos años, aunque creo que sus administradoras han dejado de actualizarlo por falta de tiempo, lo cual es una lástima.

Me recomendaron también Anika entre libros, un lugar virtual muy agradable donde siempre es un gusto volver para leer reseñas y entrevistas.

Otro que me gusta mucho, por su frescura, es Adicción Literaria, y también quiero mencionar a Abracalibro en el que hay reseñas de clásicos del siglo XX que yo considero imprescindibles.

Pero siento mucho decir que, dentro del mundo de las reseñas literarias, también he encontrado bitácoras que son un horror, donde se critica -a veces hasta se insulta- a los autores cuando las historias que cuentan no casan con su forma de ver el mundo o las relaciones entre personas.
Son utilizados como lugar de desfogue personal -eso es lo que dicen- donde palabras como "caca de vaca" o "mierda pinchada en un palo" son los calificativos más cariñosos que se dan a algunos libros. No juzgo que una persona en una charla entre amigos pueda decir estas cosas, el problema es cuando se lincha de manera desproporcionada a autores... de una forma pública.

Si yo fuera autora, denunciaría a estos blogs por atentar contra mi honor, saldría corriendo al primer juzgado y pondría una demanda por calumnias y por perjudicar intencionadamente mi carrera.

Hay personas que, definitivamente, no están preparadas para tener voz pública, que es lo que sucede cuando hablamos en internet o expresamos nuestra opinión. Lo que soltamos en la red, se queda en la red, y hay algunos que todavía no se han dado cuenta de que las injurias que vierten se pueden volver en su contra.

Cuántas veces se lo habré repetido yo a mis alumnos, ¡cuántas!

Pondré como ejemplo un solo blog para ilustrarles, el que a mí me ha parecido el más dañino e incoherente de cuantos he visitado, que han sido muchos. Se llama El blog de Hydre Lana y tan pronto está alabando la película de Bridget Jones (personaje que deja a las mujeres muy mal paradas, en mi modesta opinión) como está insultando y desprestigiando la novela de una autora española con saña cruel y destructiva. No leí dicha novela, la de la autora española, me refiero, pero estoy segura de que toda interpretación se puede sacar de quicio hasta límites insospechados, y también estoy segura de que quien busca dar dentelladas encuentra la forma.
Casualmente, casi todo lo que leen este tipo de "haters" (así se definen algunos; yo he tenido que buscar su significado en internet porque soy más de francés) no les gusta, y creo saber por qué: van directos a la lectura de algo que ya saben que no les gustará porque tienen un reducido público esperando reír sus gracias a costa de calumniar a los demás.
O eso o viajan sin piloto por la vida y desperdician su tiempo leyendo libros que odian.
Es tan rastrero que, aunque ya soy vieja y casi nada me remueve por dentro, esto consigue alterarme. Precisamente porque amo a los libros, porque  conozco a escritores, editores y publicistas y sé el trabajo que hay detrás de cualquier libro, exijo un mínimo de respeto, como lo exigiría para cualquiera que realiza un trabajo.

Las injusticias siempre me han puesto furiosa, lo admito, y si van dirigidas hacia mujeres por parte de mujeres, entonces me hierve la sangre. Y en este blog, camuflado de feminista, hay mucha inquina hacia las de su propio género.

Cómo envidio el corporativismo de los hombres.

Los autores están indefensos ante este tipo de personajillos, a menos que les respalde una legión de seguidores. Hay quienes piensan que los autores no pueden quejarse cuando son juzgados. Oiga, espere un momento, usted juzgue el trabajo, pero  no insulte, no agreda verbalmente al autor de forma pública, no se ensañe, pues estará atravesando los límites que lo protegen también a usted. Recuerde que siempre puede haber alguien que haga lo mismo con su blog  que, a fin de cuentas, es un trabajo escrito ofrecido al público, y, por tanto, susceptible de ser juzgado.

Lo más curioso de todo esto es que, esta señora, critica también las faltas de ortografía en algunas novelas, mientras ella escribe perlas del tipo (ojo a las tildes): "Cuándo vean la portada de un libro..." O bien: "Porqué normalmente una vez leído es, a resultas, un chasco".
Y esto solo en el primer párrafo. Añado que no es un error esporádico, porque los mismos errores se repiten en todo el texto. Como docente, no encuentro explicación a esto cuando se nos dice que quien escribe tiene licenciatura en periodismo y máster en no sé qué, (la verdad, después de leer esto, no me importa). 

Una segunda cosa, de lo más inquietante, es que al mismo tiempo que la autora del blog vomita flemas verdes contra todos los libros y autores que no encajan en sus ideas, reclama la justicia social.

¿Cómo lo ven?

Después se lamenta de que las editoriales no quieran trabajar con ella. Seguro que más de un jefe de prensa editorial ya ha sido advertido de este tipo de sitios.

Ahora voy a leer bitácoras de verdad, de las que te dejan un buen sabor de boca. Son muchas y, afortunadamente, lo expuesto anteriormente, es una excepción. Por suerte todavía queda quien cuida la palabra, quien ama los libros, quien sabe extraer algo bueno de cada lectura. Y si por casualidad encontramos un libro que ya desde el principio nos hace sentir incómodos, pues a por otro, que nos faltan años en esta vida para leer todo cuanto deseamos.



domingo, 7 de enero de 2018

Hablamos de El Jilguero, de Donna Tartt

Niños, hoy vengo a hablaros de, probablemente, el mejor libro que leí en el 2017. Bueno, puede que esto debería habéroslo dicho al final de la reseña, pero es lo primero que me sale cuando pienso en él.

Es una historia narrada con detalle, con la que vais a aprender cosas. Eso me gusta. A mis años sigo aprendiendo. Algunos dicen que es un tope de puerta con tantas páginas, un ladrillo que tirarle a alguien o el suplemento para la pata de una mesa que cojea mucho. Yo disfruto con el detalle, si es ameno, así que el exceso de descripción no me molesta, y yo siempre os he dicho que hay que saber apreciar el detalle en las cosas. El detalle marca la diferencia entre lo insípido y lo excepcional.


La historia trata de Theo, un adolescente (trece años) que vive con su madre, que es amante de las artes. Durante la visita al Museo Metropolitano de Nueva York, mientras están admirando juntos un cuadro titulado El Jilguero, de un pintor flamenco, se produce un ataque terrorista, y una explosión acaba con la vida de la madre. Triste, sí, pero no será el único personaje huérfano de madre que sale aquí, es un rasgo que me pareció un poco obsesivo, dicho sea de paso.
Theo se salva, pero huye con el cuadro que tanto le gustaba a ella, un cuadro que ejercerá en él una mala influencia, como un mal amigo, un mal trago o una persona tóxica que no podemos sacarnos de encima.
Una serie de tragedias y desventuras persiguen a Theo hasta la edad adulta y su vida continua paralela a la del cuadro en una trama convincente, a veces algo densa.

Mi personaje favorito es Boris, casi os diría que tenéis que leer este libro solo para conocerlo.

También encontraréis misterio, reflexiones sobre el valor de la vida humana y el significado del arte. Un potente bebistrajo para crear una  buena historia.

Para mí, las mejores páginas son las primeras doscientas, después los personajes entran en una espiral de decadencia. Es un libro en el que no me gustaría vivir, pero que llegué a disfrutar desde mi rincón de lectura, un poco dado de sí por el uso y la costumbre de sentarme allí para leer.

Encontraréis muchos personajes complicados. La autora deja ver cosas que van a suceder pero es el lector quien debe descubrir cómo y cuándo van a pasar, lo cual conlleva una deliciosa tensión, y solo cabe esperar a que se resuelva en la página siguiente para no seguir sufriendo.

Parece ser que los diez años que pasó la autora escribiendo esta novela valieron la pena.

Hasta pronto, y un saludo a mi Rufino, que ya no está, pero me apetece nombrarlo.

miércoles, 3 de enero de 2018

Un comienzo

Mi nieta Lucía me convenció el día de Navidad para abrir esto que se llama blog. Hacía muchos meses que no la veía, mi niña querida ya tiene diecinueve años y le gusta leer tanto como a mí, desde que era bien pequeña. La quiero mucho, pero cuando se le mete algo en la cabeza no hay nadie que se lo saque. Me dijo: abuela, ¿por qué no cuentas a la gente lo que opinas de los libros? Y yo le dije que podía hacer reuniones en el parque y contárselo a las palomas. Entonces me habló de esto de los  blogs, pero yo le contesté que seguramente a nadie le importaba mi opinión, aunque un buen libro sigue emocionándome tanto como cuando tenía veinte años. Leer es como cabalgar los sueños, uno nunca sabe dónde va a llevarte el siguiente libro.

Iré aprendiendo. Ahora hablo más a menudo con mi nieta, y ella prometió ayudarme hasta que yo me entere de cómo funciona esto.
Me encanta la tecnología y como reto para este nuevo año 2018 me he propuesto escribir en el ordenador mis impresiones sobre algunas lecturas.

He leído tantos libros que tendría para escribir todos los días del resto de mi vida y aún me faltarían años con sus días y sus noches.

A mi favor tengo más de cuarenta años trabajando como maestra, también he colaborado con alguna editorial, así que conozco el sector.
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Ea, pues esta es mi carta de presentación.